Veinticuatro atardeceres en Granada

  • Veinticuatro atardeceres en Granada

Quién no querría ser el Principito y ver atardecer mil veces en un solo día. El atardecer es uno de los fenómenos atmosféricos más utilizados como metáfora en la literatura, el cine, la pintura e incluso, la música, desde tiempos inmemoriales. ¿A quién no le calma, no le entristece, no le reconforta o enamora un atardecer rojo, naranja, violeta, gris, verdoso o morado?

Esta vez queremos acercarnos a una veintena de granadinos (de sangre o de corazón, exiliados o ciudadanos actuales, de espíritu y de carne) para que nos cuenten el secreto de su mejor atardecer en la ciudad. Tomad nota, que llega la primavera con sus luces anaranjadas y su brisa suave, ¡llega la temporada de atardeceres!

Pero ¿qué pasa para que se produzca un atardecer? Un poquito de culturilla atardeceriana…

La luz, al atravesar la atmósfera, interacciona con ella de forma diferente: si el foco luminoso está en su cenit o si está en orto u ocaso. Si el Sol está situado en el horizonte la luz sufre una obstrucción a su paso por la atmósfera y sus componentes, o colores, reaccionan de forma diferente a dicha obstrucción. Dependiendo del número de partícula que se encuentren en la atmósfera, el efecto será mayor, más turbio, más opaco, más vivo.

Cuando el sol está en el horizonte, la luz viaja por un largo camino óptico atmosférico y está es dispersada aún más. Los colores cálidos (amarillo y, sobre todo, rojo) llegan tan sólo con el 23% de su valor inicial, mientras que los colores opuestos (azul y violeta) llegan sólo con el 0.000006 % de su valor de partida. El resultado es que, en los atardeceres, el Sol y el cielo se vuelven de colores menos intensos, tomando tonalidades rojiza y amarillenta, y ocupando porciones llamativas en el horizonte.

Sea lo que sea, es un espectáculo para la vista, y así lo demuestran nuestros amigos. Les hemos propuesto tres preguntas sencillas:

1) Lugar preferido para ver atardecer en Granada:

2) Época del año:

3) Compañía y utensilios para contemplar al Sol diciéndonos adiós:

Aquí están sus respuestas, acompañadas de unas imágenes que seguro que os dejarán con la boca abierta y con ganas de granadear con los últimos rayos de sol.

1

Facultad de Filosofía y Letras.

Otoño.

Nada en especial.

¡Es el atardecer que más veces he visto en Granada!

2

Me encanta disfrutar del atardecer en el Paseo de la Bomba y del Salón, en los puentes esos que hay por alli, no sé cómo se llaman…¡El grande que llega al Palacio de Congresos!

Sobre todo en primavera, porque iba a correr por ahí, por el río.

Es una zona preciosa no tan conocida por los turistas, siempre hay niños jugando, gente paseando, gente guapa en el bar ese que hay al lado del río que es precioso…

Chándal y iPod, y una lagrimilla por decir adiós a Granada. En mi último año iba a correr por allí en primavera, mayo, junio y daba para pensar mucho.

3

Terraza del hotel los Jerónimos, en verano y con amigos, café con hielo y paquete de tabaco.

4

San Miguel Bajo, Terraza del Yunke, café y amigos.

5

Junto a la Muralla Nazarí en el Alto Albaicín, bajo el mirador de San Miguel Alto (para observar la Granada alta, mientras el sol ilumina las rojas murallas a tu espalda y a su vez puedes introducirte en su restauración… ¡Increíble!).

Primavera-verano.

2-3 amigos que jamás hayan estado allí, 4-5 litros de cerveza Alhambra.

6

Cualquier cueva de San Miguel Alto(si la gente vive allí desde hace mas de 500 años es por el atardecer) en cualquier época, aunque mejor en invierno, que el cielo es mas rojo y el atardecer más largo.

Con cualquier autóctono y su guitarra. Cada uno desarrolla su propio lenguaje de atardecer, el sol te enseña a escribir poesía (allí siempre pienso que vivir así tiene que cambiar tu vida y tu forma de entender el mundo).

Ser partícipe de eso es un gran lujo, algún día tendré una guitarra y una cueva…

7

La cuesta de la Lona.

Primavera.

Solo y a pelo.

8

Me gusta encaramarme en la Puerta de la Vela, en lo más alto (para ser tan guay está muy cerca del centro).

La primavera en granada nos vuelve a todos crazy, probablemente la época de mayor disfrute.

En compañía de gente graciosa, utensilios: always litro.

9

Mirador de la Curva, primavera, más o menos abril, en compañía de mis amigos.

Utensilios: algo que eche humo y un litro con papas fritas caseras, o en su defecto revuelto.

10

Sacromonte.

Primavera.

Te diría que marihuana, pero como supongo que no podrá ser [claro, hijo, todo puede ser, ¡es tu atardecer!], te diré una guitarra, para que sea todo más bohemio.

Con mis amigos, por supuesto.

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El Sacromonte.

Mayo.

Un buen amigo/a al que no le moleste el silencio y cualquier utensilio que me ayude a grabar ese momento.

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El Lavadero y sus alrededores.

Sola, el paseo hasta allí por el Convento de Santa Catalina y el Carmen de los Favores es mi peregrinación y no es fácil compartir las plegarias.

Invierno, porque el frío granadino a esas horas disuade a los turistas (y a los locales) y la neblina que suele aparecer en el cielo oculta el horrible hormigón de La Vega.

Y utensilios, no sé, siempre llevo el móvil en la mano por si me atracan o por si alguna vez me armo de valor y lo lanzo lejos, bien lejos.

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Paseo de los tristes.

Primavera.

Amigos.

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Pues mi atardecer perfecto en Granada ha sido ejecutado de esta manera varias veces : Mirador de Carvajales en primavera, una chica guapa a mi lado (tres han disfrutado de este idílico momento granadino conmigo), cerveza y música de Los Planetas, Lori o alguna otra banda que nos haga sentir el más puro espíritu alternativo granadino.

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Para mí desde la Plaza del Ocho, en verano, en soledad, y como utensilio un mp3 con música atmosférica y envolvente (de no pensar).

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A mí siempre me ha gustado la Plaza del Lavadero a principios de verano acompañada de un par de amigos para no molestar a los vecinos. Solemos llevar una botella de vino para no notar el cambio de temperatura cuando se va el Sol.

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Mirador de San Nicolás, en primavera (al solito), con los amigos.

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Encima de la pirámide del Palacio de Congresos.

¡Primavera!

Con unas gafas de sol, un amigo.

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En el mirador del Cementerio, casi nadie lo conoce. Le dicen la Silla del Moro.

En primavera, con un litro y buena compañía.

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En las cuevas.

En primavera, claaaaaro.

Con mi Cris [entendemos que su enamorada], un litro y un petilla.

21

En el cementerio.

En otoño o primavera.

Solo a con alguien al que le gusta el arte funerario: el cementerio es un baluarte del arte romántico en Granada.

22

Placeta de Carvajales.

Primavera.

Sin nadie pero con papel, boli y el iPod, siempre.

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A mí me gusta Carvajales,
Con gente bonica y buena
y con poco que acompañe.
[tenemos poetisas y todo]
*
24

El lugar que escogería como preferido para el atardecer granaíno, lo es quizá no por su espectacularidad sino por su novedad para mí y por ser poco “típico”: podría decir que es el opuesto al de la mayoría de las postales que todos hemos visto alguna vez con la Alhambra de fondo. ¿Por qué opuesto? Porque desde este lugar lo que se observa es el Albaicín, nos estamos situando en la falda de la Alhambra. Desde aquí contemplamos el maravilloso barrio y decenas de personas en los respectivos miradores observándola. Desde aquí también los últimos rayos de sol nos iluminan la cara; esos rayos, si son los de una tarde de primavera, serán los que más disfrutemos. Un viernes para acabar bien la semana y empezar igual de bien el fin de semana sería perfecto. Todo esto, acompañados de una refrigerio, una bolsa de pipas y una buena conversación con un grupo pequeño de amigos se disfruta aún más. ¿El acceso a ese lugar? Hay subir la cuesta de Gomérez y entrar por una de las calles que quedan a la izquierda. Una vez ahí, hay que andar un poco hasta llegar a una calle sin salida que se ensancha para dejar ver la ciudad sobre el rio Darro. Un pequeño murete servirá como improvisado banco para contemplar lo ya descrito.

25
El mirador de San Cristobal. Primavera, con la sangre alterada y las flores en la calle.Con un amigo, siempre. La cuesta bien merece un co-equipier. Utensilios pocos, y cuando los hubiere, al poco se evanescían. Cada tarde que fui allí, cada gesto que dejé en aquel muro mereció la pena. Cuando lo tuve no lo valoré lo suficiente, pero ahora que estoy lejos no se cuánto pagaría por sentir el abrazo ahogado y caliente de una puesta de sol en Granada. En un paisaje anacrónico sin parangón.

¿Y vuestro atardecer preferido? ¡Contádnoslo!

 

 

Fuente: Wendy, de Licor de Granadas

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